EL GRAN MIÉRCOLES

El 26 de Mayo de 1978 se estrenó en cines una película por la que George Lucas y Steven Spielberg habían apostado y mucho. Prometía ser un nuevo „American Graffitty“, ambientado en las atractivas playas californianas y con el deporte de moda y la guerra de Vietnam como telón de fondo. Ingredientes suficientes para que, según los dos gigantes de Hollywood, la película fuera un éxito espectacular.

Spielberg, Milius y Lucas

El Director John Mlius firmó con sus amigos Spielberg y Lucas un acuerdo que lo haría millonario.

Tal era la fe que Lucas y Spielberg habían depositado en ese proyecto, que incluso firmaron un acuerdo con su director, para repartirse a tres, parte de los beneficios de sus siguientes proyectos. George Lucas tenía entre manos „Star Wars“, Spielberg „Encuentros en la tercera fase“ y John Milius, el que salió más beneficiado del asunto, tenía „EL GRAN MIERCOLES“

La película fue un gatillazo en taquilla, las críticas la destrozaron, y no recaudó ni una cuarta parte de lo que había costado. El fracaso fue inesperado. Quizás fue el hecho de que se tratara de una película de surf en la que se reflejaban unos años ya casi olvidados… quizás fueron los dialógos, un poco demasiado „azucarados“, o el hecho de que la herida de la guerra de Vietnam estaba todavía fresca. Las razones para que „El Gran Miercoles“ se diera de bruces con un muro de hormigón tras su estreno son muchas y según a quien se pregunte pesarán más unas que otras, lo que es innegable es, que todo el equipo involucrado en el proyecto se llevó una desilusión al ver que el resultado de tanto esfuerzo se echaba a perder. Milus fue el más tocado.

Ese traspiés no afecto demasiado a su amistad con Lucas y Spielberg, aunque a nivel personal el fracaso calara hondo. „El Gran Miércoles“ era su proyecto más personal hasta el momento, y la culminación de un sueño que había empezado mucho antes incluso de que decidiera dedicar su vida al cine.

Milius and Denny

John Milius y Denny Aaberg.

Milius, hijo de un zapatero de Misouri emigrado a California en los cincuenta se enamoró del surf nada más llegar, tal fue su pasión por las olas y el mar que se convirtió en su religión y su perdición. Pasaba demasiadas horas en la playa sin hacer otra cosa que surfear. Su padre, preocupado por la dirección que estaba tomando la vida de su hijo, y para evitar que esa etapa de delincuente juvenil llegara a mayores y John acabara con sus huesos en la cárcel, decidió mandarlo a un internado en Colorado a los 14 años.

Allí se entregó en cuerpo y alma a la lectura y descubrió su gran pasión por la palabra escrita. Inspirado por escritores como Joseph Conrad, Melville o Kerouak, John se convirtió en un prolífico escritor de ficción, fue en ese tiempo también dónde se gestó su personaje, dónde sus ideales y su visión del mundo tomó forma… Acabada la escuela decidió estudiar cine en USC y volver así a California, cerca de la playa y las olas que tanto habían significado para él. Y allí retomó contacto con algunos de sus viejos amigos.

Por otro lado, Denny Aaberg, hermano mayor Kemp, uno de los mejores surfistas de la época dorada, conoció de cerca el hervidero de cultura surf que fue Malibu en aquellos años. Nombres como Carson, Weber, Velzy, Tubesteak, Fain o Dora, eran algunos de los personajes que se emborrachaban en las fiestas a las que como hermano pequeño acudía. Vivió muy de cerca los años de transición y vio cómo, incluido él, aquel grupo de pioneros de la buena vida al sol y a merced de las olas, se hacía mayor, crecía y perdía la inocencia. Fue testigo directo del impacto de Hollywood en la playa y vió, cómo desde los estudios se pervirtió algo tan sagrado como el surf. Algo en su interior le decía que en algún momento todo eso que había vivido sería historia.

Rodando en el decorado construído en Cojo

Denny Aaberg, como uno de los gremmies del „PIT“ de Malibú, tuvo la gran suerte de ser testigo del nacimiento y el cenit de la época dorada del surf Californiano y su inquieta cabeza tomó buena nota de todo.

Milius y Aarberg que tenían amigos en común, coincidían en la playa frecuentemente. Ambos surfeaban Malibu con sagrada devoción, ambos se dejaban sorprender y maravillar por las aventuras de la llamada „Malibu Gang“ y a medida que se hacían mayores, tenían más claro que con todo aquello había que hacer algo. Milius, que conocía la buena mano de Aarberg a la pluma, lo convenció para que escribiera una historia corta relatando las aventuras y desventuras de los amigos de su hermano… De ahí sale una pieza que Surfer Magazine publica en 1974 y que se titulaba „No Pants Mance“ (Link al surfer journal).  La historia corta relata una fiesta en la que el protagonista, un tal Mance (Lance Carson) pone patas arriba la casa de la madre de otro de los miembros de la banda.

A Milius ese relato le pareció un estupendísimo punto de partida para construir en principio, una novela, mano a mano con Denny. Pero no tardó mucho en darse cuenta que con la novela no tendría suficiente.  Su medio no era sólo la literatura, en aquel momento ya era un cineasta que se había ganado a pulso un buen lugar en Hollywood, así que tenía las cartas a su favor. Sus dos anteriores películas y los guiones que había escrito para otros, le dan frente a los estudios la credibilidad y autoridad necesarias para poder poner en marcha, sin problema, un proyecto como ese, así que sin pensárselo dos veces focalizan las energía en crear un guión para una película que el propio Milius dirigirá.

La naturaleza opuesta de ambos, al contrario de lo que se podría pensar, cuajó a la perfección. Las innumerables anécdotas y recuerdos que Aarberg tenía de aquella época aportaron la pizca de realidad y de perspectiva histórica. Por su parte, el amor por la tragedia clásica de Milius, insufló al guión una capa de romanticismo y misticismo. La combinación de esos ingredientes es la que a mi parecer consiguió que esta película, pese a su fracaso en taquilla en 1978, se convirtiera, con el paso de los años, en un película de culto.

LA VISIÓN DESDE EL AGUA.

Milius y Dan Merkel

Milius dando instrucciónes a Denny Aaberg y Jan Michael Vincent mientras Dan Merkel espera con una de las cámaras acuáticas.

Para Milius, fue un momento dulce. Tras sus éxitos anteriores había conseguido que Hollywood le diera carta blanca para su siguiente proyecto, sus amigos le apoyaban y consiguió una suma considerable de dinero para poner en marcha la filmación de la historia que habían escrito, así se embarcó en una aventura surfistico-cinematográfica sin precedentes. Su visión era clara, quería alejarse de todo el ridículo mundillo falso de las películas playeras de los sesenta y acercarse al surf con el respeto y dignidad que según él, merecía. Quería hacer una película de surfistas, hecha por surfistas…

Y así, junto a su socio, el productor Buz Feitshans empezó a construir y juntar al equipo con el que haría realidad su visión y haría frente a la infatigable y demoledora industria de Hollywood, manteniendo vivo el espíritu original de su idea. Empezó por contratar a surfistas y amigos, a rodearse de un grupo de personajes con los que compartía su ilusión, por un lado dobles para las escenas de acción y por el otro un equipo de visionarios, cineastas y fotógrafos de surf, encabezados por el director de „5 Summer Stories“ Greg MacGillivray.

Greg fue el responsable de construir el equipo de fotografía acuática de la película. Para Milius era sumamente importante que toda la acción de surf fuera real, y a ser posible que la cámara estuviera en el agua, quería convertir al espectador en un o más, hacerlo partícipe de la magia, el movimiento y la luz del pico y enseñar el surf como nunca antes se había visto. Sólo acercándose al sujeto serían capaces de dar el dinamismo y la fluidez que Milius quería, así que Greg empezó a juntar a algunos de los mejores hombres tras la cámara del momento…. El primero en subir a bordo fue Greenough que junto a Bud Browne formaría el equipo del agua. Bud se encargaría de los seguimientos y las tomas con gran angular, Greenough del tele y los detalles. El  tercer operador de cámara en el agua sería Dan Merkel.  El siguiente fue Roger Brown, de Summit Films, operador de cámara para las tomas aéreas, seguido por Spider Wills, al que Greg ya conocía y considera el mejor foquista con teleobjetivos y situaciones complicadas…  Así pues, Greg juntó a un equipo de ensueño…. realmente un Dream Team de operadores y cineastas de surf, la Créme de la Créme.

Greg explicaba en una entrevista el duro trabajo de construir y juntar todo el equipo de cámaras acuáticas para la filmación de la película, desde la compra de casi 15 cámaras IMO hasta cómo Greenough, obsesionado con la necesidad de rodar con una cámara que se pudiera llevar al hombro, acabó desmontando una Arriflex II C, para después reconstruírla integrada en una carcasa de fibra de vidrio que él mismo fabricó, moviendo las bobinas a la parte de atrás para compensar el peso de las lentes y poder así filmar desde el agua con mayor control y precisión. Según explicó el propio Greenough en una entrevista, había invertido 500 horas de trabajo en finalizar el proyecto de la construcción de esta cámara. Podía con ella, montar lentes de hasta 200 mm y rodar desde su colchoneta hinchable con mucha comodidad.

Para encabezar el elenco del filme, Milius contó con varios actores jóvenes y de alguna forma vinculados al surf. A Jan Michael Vincent lo conocía, Vincent solía surfear en Topanga, William Kaat también era un hábil surfista. A Gary Busey, que era de Texas y no había surfeado en la vida, le dieron lecciones para que aprendiera a remar, sentarse y coger olas. Así que estaría cubierto en cuanto a los planos cortos y las conversaciones en el pico, los planos de transición e incluso algunos planos de ellos surfeando, pero la película pedía un estilo muy definido, los protagonistas son descritos como los mejores… los reyes de las olas, así que Milius necesitaba que su surfing estuviera a la altura, por eso decidió contratar a algunos de los mejores nombres del mundillo para hacer de dobles de acción.

Stylers como Billy Hamilton y Jay Riddle se encargaron de doblar a Vincent en las olas de Point la mezcla de sus estilos, poder y clase convirtieron el surf de Matt Johnson en un resumen de lo que fueron esos años sesenta en „el Point“. Para poner el broche de oro al estilo de Matt, Milius contrató a Jackie Dunn, surfista que conocía mejor que nadie las olas de Hawaii y sería capaz de construir en el agua el surfing de esa última secuencia de surf en olas grandes. Para William Kaat Milius escojió a Peter Townend, el parecido físico entre los dos era increíble. Townend fue campeón de la IPS (International Profesional Surfers) de 1976 y dejó el circuíto para unirse al rodaje. Con él, que era considerado uno de los surfistas más clásicos de los 70, se definió el estilo limpio y contenido de Kaat. Y por último para el personaje de „The Masochist“ necesitaba a un surfista radical y salvaje, agresivo, con un estilo que permitiera mostrar un surf más evolutivo, más centrado en la fuerza que en la finura y el australiano Ian Cairns venía ni que pintado.

Bruce Raymond merece una mención especial… él fue el hombre de los wipeouts… Era amigo de Peter Townend y todos lo conocían por ser un tipo sin miedo. PT fue quien se lo recomendó a Milius y después de un par de entrevistas en las que Bruce le explicó sus experiencias en Hawaii en días grandes, el director decidió contratarlo y encomendarle la dura tarea de caerse de la tabla en olas gigantes en Sunset.

Después de casi cinco meses de ensayos y preparación, todo estaba listo para empezar a rodar… La primera parada de la tropa de Milius fue en El Salvador. Habían oído que cerca de La Paz rompía una ola prácticamente idéntica a Malibu, un point break de derechas fantástico y vacío, así que allá fueron y no estaban equivocados, las olas con las que se encontraron eran perfectas, pero había un problema con el que no habían contado, gérmenes… Cuentan que una mañana mientras los protagonistas y sus dobles filmaban unas secuencias en el canal, a Bud Browne se le cayó una de las cámaras al agua… todos se quedaron de piedra y cuando reaccionaron, no hubo miembro del equipo que no se echara al agua a buscar esa pieza de equipamiento que valía alrededor de los 10.000$. Después de un rato la encontraron, pero ese mismo día casi todos los miembros del equipo contrajo disentería… Del material que se filmó en El Salvador, poco llegó a la pantalla, pero dicen que aquel viaje les sirvió para crear y reforzar los lazos que harían que el resto del rodaje fluyera sin demasiados problemas.

A-Team on location

Rodando escenas en el pico

Con quilos de menos y las fuerzas por los suelos volvieron a Estados Unidos a seguir con la filmación. Tenían que encontrar otro pico que se pareciera a Malibu, y el sitio seleccionado fue Cojo Point, dónde se reconstruyó la mítica puerta de Malibu. El equipo pasó allí un tiempo largo, con el pico para ellos solos. Para todos parecía un sueño, levantarse por la mañana y irse al agua para trabajar.

De allí a los estudios de la Warner en Burbank dónde se rodaron la mayoría de las escenas dramáticas y por último el salto a Hawaii para filmar las olas del clímax de la película. Sunset se convirtió en el escenario del último asalto de estos „gladiadores“ del mar y las olas y se filmaron algunas de las escenas más míticas y más impresionantes de surf en olas grandes. El equipo trabajó duro. Los actores, acompañados siempre de sus dobles, Billy Hamilton, Ian Cairns y Peter Townend entraron al agua para dar credibilidad a la secuencia. Dicen que durante la filmación de esas escenas, alguna de las 15 cámaras del equipo se perdió.

El resultado del trabajo de ese equipo estelar está grabado en las retinas de la gran mayoría de los surfistas de las generaciones posteriores, Big Wednesday nos hizo soñar a muchos con esas aguas cristalinas y esas olas perfectas… nos hizo vibrar con la poética de sus escenas de surf, su ritmo y su historia, todos nos hemos sentido identificados con los personajes de la pantalla y es innegable que la película ha tenido un impacto sobre la cultura surf a nivel mundial. Sobretodo en lugares como Japón, Italia o España, el Gran Miércoles sirvió de ventana a una California que todos habíamos idealizado.

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Para mí, personalmente, Big Wednesday es una las cintas que dibujó mi visión de lo que era y lo que significaba el surf, incluso antes de empezar a surfear.  Recuerdo clarisimamente el momento en que vi la portada del VHS en el videoclub, y le pedí a mi padre que me la alquilara. Debía ser 1985 o 1986. Aquella película se me quedó grabada a fuego, la vía unas cuantas veces aquel fin de semana y recuerdo que la playa no volvió a ser lo mismo. Recuerdo las sensaciones que me despertaban esas imágenes de surf, la fiesta, la música, el sol y la arena. Con el tiempo y con los revisionados he ido viendo definirse temas que quizás como adolescente no entendía y la cinta ha ganado en profundidad y solidez.

Personalmente, El Gran Miércoles serguirá estando entre mis películas favoritas y su banda sonora seguirá sonando en mi coche de camino a la playa…